Cúmulo de mierdas

Se sucede el cúmulo de mierdas.
Aborda la impaciencia
la paciencia desbordada.
La rabia se desprende de las vivencias.

Consumándose hechos consumiendo,
vistiendo realidades,
dando la espalda,
arrinconando en deshechos de ilusiones.

Los minutos y las horas
se lanzan al vacío
por el barranco del “una vez en la vida”.

La mala hostia empuja por salir
de tripas, manos y ojos inyectados
en frustración armada.

Y es que habría que perder los papeles,
reinventar el día,
reventar la escena,
pero toca reprimir
y hacer teatro.

puta resplandeciente

Al sol de tu sonrisa
se tostaron mis poemas,
puta resplandeciente.

Navegando en pos
de la isla desierta
de tu Yo Complacido
mis ideas naufragaron,
dentelladas de tus caprichos,
en carne viva la emoción.

El bienestar se moría de sed
de querer beberse
hasta la última nota
de tu voz,
de anhelar comerte perfumada
y cotejada
por mis mejores palabras
gustándose
de gustarte.

Pero eras y seguirás siendo
probablemente
tan guapa que jode.
Jode recoger los pedazos
del espejo donde los sueños
se veían más grandes,
más fuertes,
más todo.

Porque todo sueño es el reflejo
del que sueña.
Y el roce en la esquina
puede ser una caricia
o una hostia en los riñones.

Y tú,
puta resplandeciente,
ya estás sangrándome de nuevo,
dejando mi cerebro
perdido de letras.