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Margaritas, peras y coños

Los ojos se desbocan
y el poema gotea de la boca
y se deshoja
en la margarita de tus tetas.

¿Y qué es mejor?

Si te huelo
o no te huelo
y una mano en tu pelo,
pauso el momento,
me cuelgo,
me pierdo en tu cuello,
te siento y me siento
observando el contoneo
enfermizo paseo
de un vestido recuerdo
para gustar y disgustar
y gastar este segundo
en el que no se si existo
o desisto,
pero pienso:

Que no se le pueden pedir
peras al coño
ni esperas o más penas
a la desesperación.

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