Poesía del espanto

No solo con ruido se fuerza,
también en su ausencia.
Existen tantos modos
sutiles
de violar,
de espantar,
que uno tiene que exclamar:
¿Pero qué es este esperpento?

Son los lugares comunes
minados de tópicos,
imanes del aburrimiento.

Un militante del arte ha de saber
que hay que darles
en todos los corros de aduladores,
dejar en evidencia su falta de cadencia,
hacer versos o morir,
quitar las telarañas,
plantarles espejo delante de sus directrices
y decirles
que sus reyes están desnudos,
que su mierda sería tumbada
en un ring con fundamento,
que sus ropajes son el hastío
y que les jodan ya.

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