Defendiendo mis poemas

En callejones de indiferencia
mis obras se aposentan sobre cartones
mendigando palabras.

Rutina como piedras en bolsillos
que fijan a la inercia.

Mi imaginación
nunca tuvo los sueños en el suelo
pero tú caminas con chaleco anti-alas
escupiendo miradas que no observan.

Crees que la magia se compra en perfumes
y duerme tu ego arropado en piropos
de segura tradición,
mientras el póster de Amelie
preside la habitación
coronando la imagen que tienes de ti.

Te ves especial,
eso dicen los fetiches,
pero es como si meases sobre todos los versos
que existen y existirán
observándote danzar
con hiriente elegancia
por la cuerda floja de la estúpida arrogancia
con tu hermética supuesta vida resuelta como red.

Y el dolor es inmenso
inmerso en versos
y no hay suficiente papel donde volcarlo.
Y tiritando en la oscuridad de una calle
donde nunca vivirás,
tan solo pisarás mis recuerdos,
enciendo una luz
defendiendo mis poemas,
porque valen más que tú.

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Poesía sin whatsapp

Este móvil no tiene internet.
Mis sueños navegan
por oceánicos pensamientos
y naufragan en la pena de alta mar
y se ahogan en tu desprecio
o son desmembrados por tiburones
a bocados de realidad
o mueren en la orilla
donde se secan los recuerdos.

A veces alcanzan heroicas hazañas
y me abrazan a besos.

Mi móvil no tiene whatsapp
y voy orgulloso rumbo a la luna
por tierra, mar y desaires
en un universo de bobos
planeta de lobos,
donde vale más que un corazón
la rosa funda de tu iphone,
ensombrece Grey la cultura,
es la ley de la mierda
y en mi cuello no quiero cuerdas.

No deseo ser prolongación
de última generación
de aspirantes a modernos
dedos pegados a un smartphone.

Invertir en mí te sale caro,
me gusta sentirme raro,
no puedes escribirme de balde
pero tengo poemas para dar y volar
y cagarme en tu padre
gratis, gratis, gratis.