el papel ha muerto

En un congreso de nuevas tecnologías
exclama el ponente:
“¡El papel ha muerto!”.
Y yo pienso:
¿es el fin de mis días?

Twitteros menospreciando a la poesía,
con tabletas y smartphones
follando a la ortografía,
móviles que vencen a sus dueños
en cuestión de inteligencia,
todo para hoy y ahora,
marginada en una esquina la paciencia.

Y otra vez:
“¡El papel ha muerto!”.
Si eso es cierto
me pongo terco
maldito puerco,
no deseo seguir llorando,
soñando,
viviendo.

Si es real esa defunción
te abrazaré al final de la función,
un minuto después
de envuelto en llamas arder
tras haberme inmolado,
¡atontado!.

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fiarte

Diga lo que diga tu padre
se enciende la mecha,
este poema arde.

Fiarte.
Tienes que
fiarte
de tu amigo,
porque te fía su arte,
en folios,
no es por follarte,
punto y aparte.

Fiarte.
Tienes que
fiarte
de tu amigo,
porque donde dice digo dice digo,
ejemplo, con temple:
recuerda, ganaremos el vestido.
Sus palabras son testigo
y el narrador ha sonreído.
Punto y seguido.
Porque no es un salido,
baboso,
pervertido,
mentiroso
¿aburrido?
No.
Tiene un juego divertido
y es un buen tío,
chico,
limpio trigo,
no se lo pongas más jodido.

Va…
tienes que
fiarte
de tu amigo.

Música de musa

Sonaba bien tu cara
como canciones de un sueño
que no puedo programar.
Sonaba y encajabas.

Bien de musa,
mal de bruja,
hada,
malvada,
como portada,
la mejor.

Tus dedos en rojo sonaban
sobre la mesa bailando claqué.

Hacer la magia,
olerte sin stops,
de chistes brota un conejo
y alehop.

Tus andares sonaban
tan…
buf
y la luz de verte gemir
al fondo del túnel de la utopía,
sonaba tan de puta madre
que la imaginación arde
y no escucho
el más acá.

Tu voz
jugaba y tan bien sonaba
que yo creaba y también soñaba
con que abrieras la boca,
palabras tuyas,
caricia al aire,
en un cd grabarte
como banda sonora
para ponerme.