Escribo porque no huele a ti en el ascensor

A mí también me gustaría decirte que huele a ti en el ascensor,
de mis sentimientos no ser un censor.
Y recordarte, rememorarte ya ves que todo termina en arte.
Que yo también quisiera jugar contigo, conjugarte.
Un lenguaje inventarme,
como el verbo ducir.
Ellos no saben decir,
tú sabes abducir,
yo sé ducir
te
tú a mí
fascinante.
A veces soy un ignorante.
Casi siempre la mente tira de mí
prescindiendo de bozal las fantasías
cuando un sueño te quiero ladrar.
Yo no deseo taladrarte el oído,
de verdad te lo digo,
tan solo pienso
y pienso
y pensando sigo.

Me duele encontrarte tan atractiva
porque me atraes y no te encuentro.
Porque tu olor del ascensor se lo lleva el mismo viento
que plagó de piedras mis bolsillos
para clavarme en la realidad
y abofetearme hasta sangrar palabras.
Escribo por no morir en el intento,
que no que no que no que no que no
que no me lo invento.
Que me importa más tu placer que el de cientos.
Escribo por no explotar
e impregnar
de vísceras toda mi habitación.
Por escapar de un camaleónico dolor.
Por expresarme,
sanarme
desahogarme
amasarme la herida.
Por sentirte puta diva.
Por un abrazo en la rima.

Que quieres que te diga:
Si en mi casa no hay ascensor
escribo,
pues es obvio que mi corazón
ante tanta escalera
precisa de un elevador.