piano y tijeras

Cuando pudiendo servir para tocar pianos,
por obra y desgracia de la alternancia
del pensamiento,
del soplar del viento,
del decir y desdecirse,
digo y Diego,
de algo feo,
de joderse,
las manos mutan en tijeras,
se completa el juego de la pedrada y al papel.

Sueño, soledad y utopía se acarician
mientras la observación sentencia:
“no eres normal”.
Anhelas, trabajas y te punzas,
duele:
pedrada y al papel.

Y la piedra afila la tijera
recortando palabras sobre la hoja,
puliendo las esquinas de la melancolía,
quedando solo melodía
que de nuevo intenta
el abrazo.

Alternas piano y tijeras.

Cuando el recuerdo y la ilusión no se divierten
con la misántropa realidad
por miedo a pincharse,
se mutila la alegría
alimentada por una paja mental,
y entonces entiendes
que al igual que Eduardo esculturas en el hielo,
tú mostrarás
poesía en el frio.

yo en tu lugar no escribiría

Con lugar a dudas,
con certeza pena,
con la plena consciencia de la absurdez
que aboca a chapotear en la tristeza
del sol que quema,
de la noche que mata de frío.

Yo en tu lugar no escribiría.

Con la fiesta de disfraces
pateando la boca,
sangrando un poema,
la empatía abraza a la derrota
y el suicida es comprendido.

Si yo fuera tú no escribiría.

Con la mente atascada en el dial
de gemidos ajenos,
la imaginación desplegando
una alfombra de cuchillos
y el cagüenlaputa en la punta de la ternura.

Yo en tus circunstancias
no gracias,
no escribiría.

Con abierta herida,
ilusión descosida,
risa desasistida,
con la frustración hablando
el lenguaje de los signos,
escribir es salvación
y el mero intento victoria

pero

yo en tu lugar no lo haría
si yo fuera tú no escribiría
escupo
pues necesito la poesía.

La voz me dice soy un juguete

La voz me dice soy un juguete,
no se que coño hacer.
Por evitar que el malestar me queme por dentro
convirtiéndome en antorcha humana,
prendiendo la hoguera del lamento,
me lanzo al poema de cabeza,
si me parto los dientes
es mejor que andar como un fantasma.

En la desordenada cama del niño
no caben más sueños perdidos,
el camino es su campo de concentración,
allí se apagan,
donde se obvia el garbo y se pisa con daño,
juegos tirados por la ventana de la apatía,
y en la acera el llanto acecha
a la vuelta del pensar.

La voz me dice soy un juguete,
la voz me dice ve a regar poemas,
la voz me daña.

Yo reciclo
lágrima en letra.

Una actividad que se ejerce en soledad,
sentir que muero un poco
si no rompo sobre el papel,
ahora
la aguja que marca la hora
a la par que intenta coser la rota ilusión
me pincha y me sana
y el niño en su cama
donde no caben más sueños perdidos
cuando mi cabeza es el ring,
los minutos puñetazos,
la voz me dice soy un juguete
y me siento herido
saco de toda hostia.

Es mi turno, taciturno

Cuando es esa cosa que tienen los demás
y en las madrigueras se cobijan los besos,
el abrazo se percibe allí en lo alto.

Si lo intento o no lo intento
no alcanzo,
me como el tarro
sacudo el árbol
sucumbo enfrascado en el luto
ni un solo fruto
para mi boca
no toca.
Habiendo tantas manos
no voy a ser el afortunado,
atontado
poeta
en versos mareado
y recito un vómito,
y ahora dime
“qué bonito”.

Es mi turno, taciturno
con ortigas me embadurno
cuando es esa cosa que tienen los demás
y en mis bolsillos rebusco
y me punzo
con ese cristal que dejaste
busco el arte y no el rebuzno
y dirás “es que eres muy susceptible”
pero mis versos son libres,
creíbles
porque lloro y luego escribo
y me digo:
es mi turno, taciturno.

estante de palabras

Con mis mejores galas neuronales,
un montón de palabras reprimidas sin salir.
Si el papel va al azul,
y el plástico al amarillo,
las ganas que tengo de hablar contigo
¿dónde van?

Puedo retenerlas dentro de mi
ahogarlas y que no escapen,
puedo mostrarlas poco a poco
no hacerme el fuerte
y que me desborden.

Pero por no agobiarte
simulo
que estas delante,
y aunque no es lo mismo
que hablarte y escucharte,
al menos siento que estas cosas
no me explotan en la boca
y las llevo a ese lugar
al estante
donde coloco las charlas
las palabras
que a tu oído quiero entregarte,
las ordeno y el polvo les quito
me desquito.

Son cajas de palabras que te quieren
y llevan tu nombre.
No puedo abandonarlas por ahí.

Al estante de las palabras
voy
con la mochila cargada de pensar,
mis manos no retienen tantas letras.
“Una imagen vale más” dirán,
y una mierda
mis palabras tienen valor,
yo te doy mil para tu corazón
para ponerte en modo ON.

Palabras para tu estante,
colocadas en tu mente
con ellas un camino hacerte
y así al llover
tus pies eviten charcos
y sobre ellas anden.
Un sol de caracteres que te de calor
que te seque al mejor postor
que puedo ser yo
y cuando quieras mojarte
usa mis palabras también
muy bien.

Las quiero en tus juegos
que las abras como un regalo
que no te de palo
que te valgan para el vuelo
mutando en alas
que te envuelvan en caricias,
que te sirvan como beso
o en tus bolsillos de peso
para no saltar por los aires
cuando huracanes te quieran joder.

Que mis palabras lo hagan todo
o que no hagan nada,
simplemente sentarse
y verte estar
o silenciar y silenciarme.

Quiero llenarte el estante
y que no sepas por qué instante empezar,
quiero que no quieras terminar.