Desde el retrovisor

Observando desde el retrovisor
la inspiración pintada de rojo,
al igual que mis pensamientos
en tus manos,
se muestran en la ausencia del juicio.

Y tú corriendo por el parque
como una niña,
mientras la siembra del instante
es de color verde
y olerte es un placer
lamerte diez,
agasajarte cien,
y adorarte es puro arte.

Es plantar la ocurrencia
para que tú te pasees
y yo me recree,
viéndote sentir el frescor del poema
creciendo bajo tus pies.

No
no podrás fotografiar a mis letras
en movimiento
que se estimulan con tu visión.

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patas acolchadas

En un estante de la mente
las sonrisas saqueadas a la rutina,
enfrascadas,
para cuando el tarro sea destapado
las esencias pierdan el culo por volar,
y al embriagador sonido de la risa
se enganche el gato,
arañando a la tirana inercia,
subido al vagón de la magia,
rumbo a un sueño.

Allí maúlla y espera,
con una alfombra de poemas,
impresos en rojo,
ronronea.

Allí maúlla y espera,
con un cariño haciendo sed,
con el hambre dibujando
el perfecto miau en la hoja en blanco,
esperando a beberse la complicidad,
bajo la pata acolchada el juego de palabras.

Allí maúlla y espera
y se esmera en grabar
en su felina mente,
animaladas con letras de fuego
y miradas como un clavo,
fijadas en las pupilas de la sinceridad,
que quiere entenderla y tenderla la zarpa,
siempre,
para crear espectáculos montar una carpa,
cascabel para moverse,
menearse
y construir el sonido,
que le den por saco al arpa,
entre el rojo y naranja y toda la gama,
de nuevo el juego de palabras bajo la pata acolchada,
malabarismos,
en la mano de la delicia.

Y cuando ella quiera asomarse,
le encontrará,
esperando a sonrisa puesta
y a punto de caramelo
el ronroneo.