Puedo dejarte unos versos, tocar tu puerta y salir corriendo

Pensando en las palabras
que rebosen tus oídos,
pensando en como regalarte estos papeles,
que no los pierdo,
que en ti invierto,
pensando.

Puedo dejarte unos versos
tocar tu puerta
y salir corriendo.

Si no marco tu teléfono
es porque no quiero perturbar tu calma,
desordenar tu cama,
ordenados los sueños te los muestro:
Soy lo que te enseño,
soy el empeño en hacerte sonreír,
soy la cara oculta,
el culto a tu cuerpo
esculpido a caricia limpia,
soy las manos lavando tu pelo
y no quiero despertar.

Me mecen,
me arropan las letras,
a tu timbre no puedo llamar,
soy un niño vergonzoso
y tengo un poema que es tuyo,
un vestido de musa
que con mis ojos tejo,
mis oídos asisten al desfile de tu voz
y mi cabeza te piensa,
ya te he dicho
que estoy pensando en ti.

Y si no puedo telefonearte,
ni a tu puerta asomarme,
ni dejarte un presente
debajo de tu alfombra,
futuro caramelo,
si no puedo…
… se remanga mi imaginación
y me toco o no,
que no toca hablar de ello,
que mi mente saca juegos
saltando a la comba siento el fuego,
mente, no miento, vente
mente, no miento, vente
mente, no miento

la verdad

que toda una conexión siento
hacia tu cabeza
esa
que quiero que sepa
con total certeza
que todo este fluir,
el ir y venir
colección de palabras
está inspirado en ti.

Pensando en que
puedo dejarte unos versos
tocar tu puerta
y salir corriendo.

No hace falta que me lo des a la boca

Que no me hacen falta obviedades
para escribirte.
Que si quieres me las das,
que las tomo
y llámame tonto.
Que si quieres las dejas
tornándose libres,
de la ocurrencia la liebre,
la mente no entiende de rejas.
Y voy
detrás
delante
contigo
te rodeo
me regodeo
te veo
en versos te envuelvo
y luego vuelvo
a ver como te queda.

Que no hace falta que me lo des a la boca,
que a veces no toca.
Que me retroalimento
y pienso y pienso y pienso
hasta ponerme ciego
y mudo
y sordo
que no escucho más allá de la banda sonora
de este sueño
de hoy y ahora.

Déjame las llaves de tus sonrisas.
Enciende la luz a un momento cualquiera,
subráyamelo en rojo.
Luego dame la barra libre
y me beberé las complicidades
hasta caer ebrio en el mundo paralelo
que te construyo en mis poemas.

Realmente
puedes darme material,
modestamente te lo pido,
o simplemente estar.
Que todo lo recopilo aquí.

Que yo llego a casa.
Que yo me siento,
siento,
luego escribo.

La pereza y tu nariz

Podría escribirte un poema
pero siento pereza.
De modo que aparca tus palabras
de friki, ñoño o raro,
guárdatelas para el próximo osado
que tire los dados
y plante pudorosos intentos
de acceder al altar de tu ego.
Te encantará patear su autoestima,
sí.

A mí me gustaba tu nariz.

Podría escribirte un poema
pero siento pereza.
Y sé
que toda la gente en esta sala
quisiera entrarte,
hablarte,
paladearte,
explorarte,
en definitiva,
diva.

Y a mí me gustaba tu nariz,
le daba personalidad a tu rostro.

Pero es que armonizan con la arrogancia
tus amigas,
y tú
eres un poco tonta,
¿sabes?
ya no me gusta ni tu nariz.

Leotarde

Entre líneas,
leo,
leotardos
de arriba abajo,
retengo su color,
disfruto su textura,
me cito con ellos,
y me vuelvo a citar,
recito,
son de color azul
hoy
esta leotarde.

Pero como el camaleón
que cambia de color
en la cama no se si un león
pero sí un león de leer y leer y leer
de acariciar con la palma de la mano
al pasar página
leotarde
leotardo
leerte los labios
dotar de significado a esta tarde,
el sabroso enjuague,
el lenguaje de los signos,
si y no, si y no, si y no,
sin duda algo especial
cuando como buen entendedor
pocas palabras me basten
e intuya tu invitación
de llegar más pronto que tarde
envuelto en colores de tus leotardos,
y que esta leotarde
se nos haga noche.