Tú me inspiras, yo te escribo

Tú me inspiras,
yo te escribo.
Deseo trabajar contigo.

Yo que te quiero puntualmente
en la impuntual ensoñación.
Yo que te quiero en la respiración
inhalando tu perfume,
exaltando tu figura.

Que el 90-60-90
me importa una mierda.

Que ajusto los versos para ti,
de letras vistiendo mis días,
accediendo al tren de tu risa,
construyéndote las vías.

Que
Que
Que comería de tus tetas,
bebería de tus fuentes,
pero
sobre
todo
congelaría
el instante de abrazarte.

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Trabajándote (en la fábrica de sonrisas)

Cuando no hay esfuerzo en madrugar
y el despertar no interrumpe el sueño.

Ven a la fábrica.

Cuando las legañas no quieren despegarse
esperando ver a la magia
burlándose de la rutina.

Ven a la fábrica.

Cuando vuelan mis pies
y a los tuyos se pliegan
todo
un
camino
de
baldosas
amarillas,
para que pises mejor
y yo piense
que no toco el suelo
y mi sueldo lo cobro en especies
cuando la especie es especial.

¡Que me siento un niño en navidad!
¡Igual de excitado que John Connor
el día del Juicio Final!

Ven a la fábrica.

Que voy sobrevolando el disfrute
intuyendo el deleite del instante
recreándose al observarme entregado,
entregado a la causa
de trabajar tu sonrisa.

Como el gato a tu puerta

Que simplemente hay veces
en las que nada inteligente sale de mi,
cuando tengo antojo de ti,
cuando tengo ansia de verte,
cuando intento elaborarte
como el gato que lleva un ratón a tu puerta,
unas pocas líneas a tu mañana,
deseando sean llevadas a tu boca,
y yo sienta envidia de ellas.

Que simplemente hay veces,
con un par de segundos,
un par de zapatos
rojos.
Y mis mejillas son
rojas,
sonrojo.
Y suena mi corazón
¡Pom, pom!
Y la polla me dice “estoy aquí”.

Y entonces
no busco cobijo en el poema,
y de mis labios
tan solo sale un
“Joder”.

Funambulista fantasía o aprender es divertido

Quizás fuera la manera de mirarla,
de admirarla,
o la forma en que mis oídos acunaban su doctrina.

Pero era ella,
en su clase,
desbordando clase,
proyectando las diapositivas,
que divertidas se movían entre sus dedos,
el anhelo de mostrarse ante mis ojos.

Su regla,
vara de medir mis ocurrencias,
espada con la que llevarme a su pared,
enarbolado y delicioso pecado,
proyección de mi deseo.

Siento que escucha
mi saliva bajando por la garganta,
no puedo insonorizar mi trago,
ni sentirme inmune ante el hechizo
que en esa sala ejerce su perfume.

No, no soy ningún robot,
tan sólo soy un aprendiz
en la materia de satisfacerla.
Pero nada digo,
simplemente la observo hablar
a cámara lenta.
Y sus palabras…
despacio…
salen de su boca,
convertidas en un dedo índice
que me señala instándome a responder.

Tengo para ti la sonrisa
intentando acariciar la perfección.

Ante mi respuesta
sus labios son un regalo envuelto,
su lengua es un lazo,
el instante es el aroma de la magia.
Sus labios se abren.
obsequiándome un “buen chico”.
Y entonces de nuevo la sonrisa
queriendo tirar de mi,
fijarse en mi rostro
y quedarse allí por siempre a vivir,
resonando sus palabras en mi mente,
“buen chico” “buen chico” “buen chico” “buen chico”.

Aprender es divertido
y ya no se si estoy soñando
cuando observo
que no son tan solo sus palabras,
sino todo el pack,
todo su ser,
todo su ella
y sus sueños
y realidades
y apuntes
y desbarajustes
y todo su estilo,
con su propio cuerpo,
el que a cámara lenta se acerca a mi.

No hay otro lugar,
ni otro pensamiento,
no hay un universo,
tan solo ella,
en su clase,
y yo.

Entonces aparta mi mesa,
concentra mis pensamientos,
los ojos de búho se salen de sus órbitas,
mis manos se acojonan,
si.

Alza su pierna derecha,
colocando el caramelo de su bota roja,
entre el hueco que dejan mis piernas abiertas,
en la silla.

Y observo,
soy el sudor,
soy los nervios,
mi muslo izquierdo,
su bota roja,
mi muslo derecho,
tiemblo.

No hay espacio para el poema.

Vuelvo a temblar.

Soy del color de su bota,
la sangre se desboca,
la mente se achicharra,
la polla se divierte en el infierno,
quiere llevarme con ella,
sacarme a bailar.

Y prosigue
con esta maravilla de tortura,
que cantidades ingentes de saliva
me hace producir.

En la cuerda floja,
funambulista fantasía
sin el colchón de su cama,
en la cuerda floja,
botón equilibrista
apunto de ser desabrochado.