La mirada será el clímax

La mirada será el clímax
fijada sobre las tablas
en la forma de actuar,
por encima de las uniformes babas.

Esquivando las minas que florecen
en conocidas aceras,
la mirada será el clímax.

En extraños parajes
cuando al calor del oportunismo
quema
el transformista desamparo,
la mirada será el clímax.

Y unos versos como bolsa
que recojan la mierda.

La mirada será el clímax,
que desnuda la certeza:
quizás
quizás hereden la tierra
los zoquetes
pero no el amor.
No..

La mirada
que nos salva
será el clímax,
la sonrisa abarcando la calle,
el puño apretado,
el arrope de la infinita ternura
espolvoreada de rabia,
dulzura que todo impregna,
las teloneras caricias,
el acto,
el tacto de las manos
trabajando
trabajando las cosas bien.

La mirada será el clímax,
el brillo en las pupilas
redactando el plan,
forjando el carácter,
vistiendo al respeto,
en el abrazo a la sencillez,
a la vuelta de un poema
relamiéndose
ummmmm.

La mirada será el clímax
pongámonos al tema
ya
sin pestañear.

Moriste en aquel abrazo

Moriste en aquel abrazo
aún sin yo saberlo,
yo no sabía nada.

Escribí…
innumerables poemas
relacionados con esa mierda.

Volví a llorar
al ver a lo lejos
la aparición fantasmagórica,
la primera vez,
recuerdo cada uno de los tic-tac
tic-tac
del reloj.
Y los versos que estampé contra el papel.

Moriste en aquel abrazo,
y yo vigilando
que no me robasen también
la inspiración a cargar en mi espalda.

Hasta que hace un par de días,
a pesar de que moriste en aquel abrazo,
yo te dediqué,
la mejor de las miradas
asesinas.

El roce hace el poema

El roce hace el poema,
las curvas que llevan a la línea,
los días subrayados en el recuerdo…
… sin medida.

El roce hace el poema.
La forma imperfecta,
me encanta,
la calma que hace olvidar
en su abrazo
un pasado arañazo.

Aquellas putas
que inspiraron mis versos,
fuera.

Ahora,
la tranquilidad muta en caricia,
me excita
y el roce hace el poema.

Cuatro lágrimas

Ni siquiera estas del todo borracho,
ni siquiera ella merece
más de cuatro lágrimas,
ni siquiera son las dos.

Pero en noches absurdas,
como esta,
la punzada que se clava en los sentidos,
puede regodearse en la herida,
o ser esquivada a la vuelta del instante.

Ahora sangra
y las cuerdas vocales buscan el grito
por encima de la domesticación.

Ahora quieres cagarte en dios,
ahora quieres abrir el cuaderno,
acercar la esencia,
el corazón,
empuñando el bolígrafo
y un surtido de penas.

No habrá sollozos
que emborronen estas líneas.
Por mucho que lo intenten,
estas en casa,
verso eres.

Y piensas asestar el golpe,
definitivo,
en el punto de inflexión del dolor,
a base de poemazos.
Que hagan perder el equilibrio
y tumben en la lona
al jodido malestar.

Descalza

La planta de tus pies
sobre el asiento.
Tus suaves piernas
coronan los ribetes
del instante.
La planta de tus pies
sobre el asiento
amenizan este viaje en bus.
Fijo la mirada en ellos,
finjo la visión casual.
Tus diez dedos,
de los pies,
cuidadosa,
coqueta
y sensualmente pintados,
quizás necesiten el marco de unas letras.
Y yo me presto,
que coño,
porque en la planta de tus pies
sobre el asiento,
porque en cada uno
de esos dedos
cuidadosa,
coqueta
y sensualmente pintados,
se atisban diez poemas.