diosa de andar por cama

Con el respeto de oreja a oreja
y toda la sonrisa.
Te digo que eres
una diosa de andar por cama,
una droga que engancha,
la hipnosis que hace
y deshace.
¿donde está la almohada?

De terrenales medidas
eres tú,
desmedidamente buenorra
y normal
y yo quisiera no ser uno más
que las palabras cuajaran en ti
mas allá de las dictadas
en instantes dirigidos
por erectos miembros.

Yo quisiera, que no me juzgaras mal
piensa bien y a jugar.
Lo lírico me desborda
prepara tus pentagramas.
O mejor, nos montamos
una película de vaqueros
esos que enmarcan la tentación
que llevas por trasero.
Déjame beber la inspiración
que intuyo habita debajo de tu ombligo.
Déjame arrancártelo
todo
a mordiscos
puta diosa terrenal.

Que quieres que te diga, Gabriel Celaya

Que quieres que te diga
Gabriel Celaya
si hay gente en mi ciudad
que se hace pajas con el Barça.
Ellos abrazan la victoria,
le meten mano miércoles, sábado, domingo,
fieles a la cita con el festejo
del marketing y la opulencia,
rara vez conocen la decepción.

Que quieres que te diga
Gabriel Celaya,
si han nacido en mi barrio
y van de que brillan sus vitrinas
a la par que fluyen sus babas
incontenibles
con el Bojan,
edifican el cielo con ladrillos de halagos
para Messi
si, si.
Y nosotros
perdemos dos cero con el Córdoba.

Que quieres que te diga
Gabriel Celaya,
si a veces entran en mi casa,
los que se hacen pajas con el Barça,
morreando a la arrogancia,
paseándola hasta la cocina,
arramplando con todo.

A veces llueve, Gabriel Celaya
y no llevas paraguas,
pero ellos,
los que se pajean con el Barça
poseen plástico,
impermeable,
así está a resguardo
el colaborador corazón,
con el expansionismo
a la vuelta del latido.
Así siempre perdura
la apología puta y dura
del no hay nada mas allá
del Barça o Madrid.
Relucen los ropajes del bipolarismo.
Barça o Madrid.
Ellos se hacen pajas con el Barça.
Barça o Madrid.
Por aquí.

Tú y yo,
Gabriel,
somos txuriurdin.

Te cambié

Me mira a los ojos,
la curiosidad.
Me ofrece una pregunta.
Cual fue el minuto,
el momento,
el día que pasó a la acción.
Antes
de que la rabia
desbordase el bidón,
me bebí varios chupitos.

Uno, seduciendo a la calma.
Dos, y ahuyentar la tontería.
Tres, la paciencia, la ves y ahora no.
Cuatro, el absurdo minutaje del no perder las formas.

Todo desbordó,
se inundaron mis versos,
se anclaron mis besos,
me mojé,
por ir a escribirlos,
me sumergí
en pos de liberarlos.

Cual fue el minuto,
cual el momento,
cual el día en que cambié
su nombre en el móvil.

Y ahora
pi
pi
un mensaje.

Un inesperado instante
vestido de extrañeza
y me aparece
en la pantallita
algo
muy
muy
feo.

leyenda urbana 28-04-2010

(¿quién dices que estuvo en el Leize?)

leyenda urbana 28-04-2010

Es la nueva leyenda urbana, recién salida del horno, es la nueva hornada, para unos mucho, para otros guardar la ropa. ¡Ja!. Hay sílabas con suavizante, otras no, allí abriremos la ventana… Respiro un anhelo. Y oigo, aquí mismo, estirando la mano, desperezándose, es la nueva leyenda urbana. La toco, si. No es una nana, pero duermes, vas a relamerte al soñar. Y te mueves, sueña, pero muévete, pero muévete, muévete. La nueva leyenda urbana.

Es.

Ahora ven y cuenta, cuéntame hasta mil, a mi y a todas. Cuenta, la leyenda urbana, cuenta, que uno de los miembros del grupo, junto al resto de su cuerpo, fue visto vestido para la ocasión, fue… la voz cantante que escala un corazón, que amasa algo evocador, proveedor de pico y pala, para trabajarse algún que otro poema, de noche a sol, de dolor a sonrisa, plagada de dientes y algún que otro colmillo. Lo tengo ahí, archivado justo ahí y se, donde pulsar, donde abrir.

Que le den por el culo al pasado postrado, va a ser sueño y movimiento, en modo ON. Muévete, que cuenta la leyenda urbana, que fue visto en esa cueva donde vuelan los versos, mas allá de las clásicas prisiones, donde damos forma a lo que araña, dejando marcados los renglones, donde encendemos un foco que alumbre a las palabras, que fueron caricias, agasajadas en el regazo del pensamiento.

Cuenta, la leyenda urbana, que no he muerto, claro que no, que hay lo mínimo cien paseos, esperando, afilando el minuto exacto, a la vuelta de la esquina de esta noche, de esta palabra

Esta.

Y oís.

Y eso que oís

Es el verbo

O las tripas.

Cuenta la leyenda urbana… que tengo hambre.

Bastante hambre.