Son el pudor las manos

Yo pensaba,
que a pesar de sonrojarme,
podía jugar con la timidez,
darle brillo,
sacarla a la palestra
o usarla como trampolín.

Yo pensaba.
Que hay muros que no se me resisten,
sorteándolos con enhebradas palabras
en la sinceridad de la aguja.

Yo pensaba.

Pero no sé que me pasa,
contigo
que son el pudor las manos,
que a pesar de querer redactarte
un cuento a base de caricias,
que a pesar de querer mirarte
y recrearme en ti,
recolectando semillas de creación.
No puedo,
No puedo.

E intento la simpatía
con el freno de mano echado,
por temor a estrellarme,
deliciosa estrella despeinada,
en el abrazo punzante.

Y al hablarte observo
y mentalmente retengo
tu esencia
con fingida moderación.

Al abrigo de un paseo mental

(Este es el resultado de un ejercicio, consistente en escribir algo acerca de una presa, cuya única evasión es el paseo diario que da con su carcelera, de la celda a la ducha. Como siempre, intenté llevarlo a mi terreno…)

Al abrigo de un paseo mental

Doy cuerda a mis alas. Programo el temporizador de los sueños. Desatasco las cañerías de mi mente. Y tu, y tu.

La llave que abre mi celda, es la misma que airea caducas aventuras y lo invento todo, abrillantando el ayer, dejándome guiar por la libertaria fantasía, de la celda a la ducha, de un absurdo paseo al infinito.

En mi brazo izquierdo tu mano, como el resorte que despeina reprimidas lujurias, que desata mi salvaje ser y lo eleva por encima de los muros, conduciéndome al lugar en el que limpio mi cuerpo y desempolvo los sentidos, mientras me deleito en los pensamientos a los que no podréis pasar revista.

Imagino entonces descalzándome la inercia, abatiendo domesticadas rutinas, desabrochando tu autoridad, mordiendo tu protocolario uniforme, abandonándome lo gris por el desagüe. Sujetando, en fin, la enjaulada sonrisa, con el lazo de dos palabras tuyas, que basten para sacarme, y llenen de cerezas mis circunstancias.

Cuando no es libre la vida, sueño mas que vivo, viviendo y reviviendo cada día en este programado caminar. Porque a la ida, porque a la vuelta, porque durante. Porque tengo muchos porqués para resistir. Porque te he construido a imagen y semejanza de mis deseos, de mi necesidad. Porque no quiero que mueran mis divagaciones, y por ello mis ojos captan y acarician las imágenes que inundan mis presas noches.

No habrá barrotes para mis dilatadas pupilas. No habrá sociedad que reinserte mi corazón, porque es demasiado grande, porque es demasiada cerrada. Porque seguirá habiendo esperanza y un rayo de luz por mi ventana, mientras conserve la capacidad de volar con lo mínimo.

Porque aunque tú no lo sepas, en el onírico abrigo de un instante, encontré lo mejor de mis días: tu mano en mi brazo izquierdo.