en el plural de las palabras

Seremos…
la espesura para su planeado discurso,
transgresión con ojos brillantes,
pelea… pelea…

Seremos llanuras complementando montañas,
la caña para la pesca artesanal,
y el ente y la voz,
y el demente y la coz,
la seguridad,
el perchero acogiendo el tembleque
y nosotros la timidez
envalentonada.

Si no hay poesía,
no hay lugar,
no hay romanticismo.
El fuego encuentra su espacio
y despacio
sacamos poemas del asador,
donde toda la pena arde
y la carne se hizo mente

Honraremos a lo lírico
con la pluma en todo lo alto,
con la putada
rechinando los dientes,
apretando los puños
fluyendo
fluyendo,
que no pare la musicalidad
de las palabras conjugadas en nuestra persona
filtrándose entre las baldosas
de la cárcel que nos asignaste,
porque somos hombres,
porque somos mujeres
escupiendo en tu acartonada pose.

Alzamos el puño
y siempre escribiremos,
por amor a la causa,
por fidelidad a la casa,
por la certeza del cariño
a ciertas cosas
ciertas
cosas.

Cuando mude de piel la ternura
o el odio
o el pudor,
torceremos esta esquina,
besaremos el papel,
en todos y cada uno de sus recovecos,
seremos la sonrisa de verso a verso

Cuando la iguana de lo políticamente correcto
se amolde al tiempo que nos toca vivir,
seremos silencio y no tontería,
seremos los tipos raros
raros de cojones
y no la lengua ponzoñosa.

Y las letras serán dulzura,
una jovialidad detrás de otra,
la pureza,
los matices de la esencia,
la suave caricia más inmensa,
cuando en el plural de las palabras
reclutemos voluntarios
para administrar justicia
poética.

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Animal

Estaba la dificultad,
al escribir,
de que el sentimiento no fuera
lo suficientemente fuerte,
de que no me golpease en el estómago,
ni me agarrase del cuello,
ni lanzase rodando mi corazón,
por la cuerda floja del equilibrista,
en el cuaderno cuadriculado.

Pero la mente siempre estuvo abierta
e inventé un colchón.
¿Miedo?
si, siempre hubo…
a que lo que escribiese no me hiciera sentir mejor,
miedo a verlo ajeno,
miedo a que la sensibilidad
no fuera lo suficientemente irracional,
miedo a que las palabras que fluyen de tan dentro
no fueran las gotas de tinta
que desbordasen el vaso de la emoción.

Si esto no es así,
no vale la pena escribir,
ya que nunca seré un funcionario de la poesía.
Siempre tuve miedo,
si,
a la belleza de cartón piedra,
a las palabras limpias,
porque creo en las palabras manchadas
por nosotros mismos,
creo
y las intento entrelazar.

¿Sabes que un día sentí tocar el piano en un papel?
¿Sabes que trabajé en la melodía desde la primera vez?
¿Sabes que me traje, de mi huerta, un puñado de poemas,
que esparcidos en este micromundo,
me confirieron la seguridad de pisar sobre seguro?

Yo observo…
al pájaro de caninas costumbres
que levanta la pata
y defeca entre líneas.
Pero no estoy obligado a oler ni a comer.
Yo estoy a la entera disposición de la poesía,
nunca del ladrido,
siempre de la melodía,
llévame volando en un abrazo infinito
y llegaremos lejos
lejos
muy lejos
mas lejos que la hostia
porque soy un animal, poético.
Y primero me aislé en cuatro Din A 4.
Después me elevé.

Un día sentí animadversión
y subtitulé todas y cada una de las versiones,
untando mi índice en charcos de sangre.
Y escribiendo,
sintiendo,
sentándome
y observando,
en los márgenes del guión del buen rollito.

Un día,
mi mente se abrió tanto,
que los muros fueron murales donde chocar,
y el chocar fue una caricia.
Y del chocar
y de la caricia
y del golpeo contra el muro…
cosas que nunca tú veras.

Un día mi corazón no sintió,
tan solo un día.

Y ahora…
quiero hacer toda una batida de miradas…
divertirme,
experimentar
y sacar y dar de comer
al animal,
porque soy un animal, poético.

te animo a seguir escribiendo

Te animo a seguir escribiendo,
para cuidarnos por dentro.
Te animo a seguir contando cuentos,
contando hasta diez inventos,
y atentos…
atentos…
a todo cuanto nos rodea…
te animo a rodear la vulgaridad
y a mofarte de ella.
Te animo a pasear siempre
con los ojos tan abiertos…
tan abiertos…
aunque levanten la mierda
inefables galernas
y nos hagan llorar.
Porque esto no ha de ser cazar mariposas,
sino acariciarlas,
porque la caza y la magia
es un mal casamiento,
porque vamos a disfrutar de aquella esquina,
limando las que nos hagan mal,
conversando en un portal,
porque hoy quiero un poco de charla,
¿y solo bebiste agua mineral?
sí.

Te animo a seguir escribiendo,
a explotar contra el papel,
a besarlo,
porque con libreta encima
o sin ella,
siempre irá con nosotros
una concreta visión de pintar la realidad,
en cuadros,
en poemas,
en prosa lírica,
o enfundándose en surrealismo mágico.

Y aunque a veces
nos duelan los colores que se agotan,
siempre,
siempre,
siempre terminaremos encontrando un pincel,
una excusa,
una motivación,
para crear.

se abre el telón

Tan solo soy un aprendiz. Un cachorro militante radical, de la poesía. Los sueños son mi selva, las armas ya las dijo él. Haré algo armónico de la balacera de las palabras. Intentaré buscar el brillo en tus ojos, que me confirme, que ocuparás las trincheras, apuntándome las frases que se me olviden, apuntándome con lo que no mata y llena y agranda, siempre, el alma. Y ahora… se abre el telón.

Hace un tiempo
salí del armario
envuelto en letras
y dije:
“soy poeta”.
No el mejor
y sé,
a ciencia cierta,
que tampoco el peor.

Poetizaré lo que salga de mi entrepierna,
de mis cojones,
para el que no lo entienda,
pero sobre todo
de mi pecho,
de mis tripas,
de todo lo que sentí,
de un estado paralelo,
de la enajenación,
de todo,
absolutamente todo,
y de mucho más.

Se que no soy normal,
y también sé,
que no quiero ser como tú,
tampoco como tú.

Abrazaré al amor conocido
y por conocer,
siempre a la empatía
mirándola de frente
escribiéndola por los costados
descosiéndome
y volviéndome a coser
cuando la sopa quede fría.
Querré
al suicida que lame la soga
y a todo ser predispuesto
a compartir la pureza de compartir
con ojos cerrados
la mente suelta
y abierta
la sensibilidad.

Siempre cagué a la hora
y escribí al dictado del sentimiento.
Nunca hubo suficiente aire
para filtrar tus tonterías.

Por eso,
la mascarilla
a veces es,
la más barata.
El bolígrafo,
el papel,
y a tomar por culo
tú,
los tuyos.

Respiro hondo
y ahondo,
en el pensamiento que escarba en los minutos,
llenando sus uñas de magia,
buscando el agujero por el que colar
la infinita dulzura.

Ay…
Tengo tan solo un par de desprecios
y una mochila llena de ternura,
que compartiré con vosotros,
con vosotras.
Con una boca para acariciar oídos.
Con oídos para jugar a la comba
con la desnudez
y falta de dobleces
de vuestras palabras.

Y un salto
y otro salto
y otro salto.
Y del chocar
de la cuerda contra el suelo,
porque no,
haremos poesía.