la primera vez

Es el recuerdo que patrocina este dia:

su camiseta favorita tapando el pecho presto a ser descubierto, y una carpeta morada bajo el brazo, un cierto reparo acompañando y en la mano un kalimotxo… escuchando el ánimo de aquel buen amigo “vamos…”, hasta pensar de forma sincera y no autoengañosa en que aquel era el momento de actuar: “cuando se libre una de las dos sillas, cuando se libre…”. Y en efecto, silla libre y allí fue, con el verbo entre los dientes y en las manos el pote y la morada carpeta recopilando un ramillete de poemas. A palabra descubierta… Sobre la mesa, una campanilla y un pequeño piano de juguete. Es el momento… es el momento… Se sienta y escucha y espera hasta que el compañero de su izquierda termina de recitar y hete ahí, sentado frente a uno de los dos micros, y el fugaz silencio que le saca a la palestra, ubica la copa en un acogedor lugar y la carpeta paseandose entre sus rodillas y la mesa, su turno a punto de caramelo. ¿Es eso un ligero temblar? y que mas da… si sabe que su amigo le dice “vamos…”, no hay nada que temer cuando se mueve en la salsa de su poesía.

Y allí, la primera palabra, y allí empezó la relación, entre el micro y él y sintió que no sería cuestión de una noche, simplemente ha de dejar que fluya toda la creación…, y ahora, que el recuerdo de ayer patrocina el dia de hoy, piensa que aquella fue una pequeña enorme victoria más, un gol a la timidez, un triunfo de lo poético cuando los ojos del mundo miraban al futbol, un corte de mangas a la gente normal. Si, si, si…

“¿hay en la sala algún misantropo?” (…) “escribo por necesidad… por sanación… por sentirse uno mejor… por vomitar… hay que vomitar… aunque sea a las flores”. Y recuerda “al abordaje… pirata…” y recuerda los aplausos de los 4 gatos que allí se hallaban, y recuerda el “estoy cachondo” y recuerda el “estas motivado”. Se sintió un puto artista, bebiendo por la patilla un trago entre verso y verso.
Y recuerda el leer alguno de ellos con los ojos cerrados. Y la emoción… eso no puede olvidarlo. Y si, todo era de cosecha propia y miel sobre hojuelas, todo de un sangrar no adulterado. Sabe que volverá, porque siente que es poeta desde incluso mucho antes de ser consciente de que lo era.

Sabe, tambien, que una vez dado ese saltito, dejando las letras sobre la palestra, el gusanillo no se puede reprimir…

¡¡que no muera la poesia!!

Hoy se me ha caído la uña negra

(Podemos ir perdiendo cosas por el camino, pero no la creatividad que nos salva)

Hoy se me ha caído la uña negra

Del dedo gordo del pie izquierdo.
Y recuerdo su color
negro
negrísimo
en aquella habitación que irradiaba brillo
de donde emanaba una amplia gama
de vistosas caricias e ilusiones,
yo era transparencia,
y creí que hablabas mi idioma.

Aquel cuartucho
facultad de bellas artes
editorial gráfica
carrera de letras puras
centro de operaciones
donde jugaban ocio y ternura
sonreía la poesía.

Allí,
con toda esa paleta de luz
mi uña negra.

Y hoy…
… se me cayó.

Considerando
el aprendizaje
y el margen de mejora
que aún me queda
decidme
si esto es
de algo
una puta metáfora.

Jack La Mirada y el ramillete de tópicos

Ruidos
ruidos
ruidos
ruidos
ante tus ojos,
Jack.

Clin, clon, tolón, clock,
valiendo para un orto
-los tópicos-
como para un descosido,

“todos los chicos sois iguales”
Se te revuelven las tripas
se hinchan las malas hostias.

De modo que…
no piensas tragar,
ni masticar,
ni siquiera catar
ni una pizca de ese tópico.
¿Rancio?

“Pero mis pechos son grandes”
-Si
“Y quieres lamerlos”
-Si.
“A todos os gustan las tetas
grandes,
solo os fijáis en las tetas
grandes”.

Nunca sabrá quien eres,
Jack,
y hay algo
perceptible
cierta tristeza
mas dentro de ti
que en todo esto

pero hoy no hay ganas de gastar
saliva en balde.
Modo escucha en off
y la lengua se airea.

los chicos que vuelan

Subidos a los lomos de mágicas antologías, intentando esquivar la lluvia que nos joda el invento. En un tejemaneje constante, siempre dentro de ti, contigo, con la aguja favorita bordando en un día un algo, llámalo la punzada diferente a las demás. Observándolo todo desde las alturas del primer verso de aquel poema, precisamente de aquel. Cagandose en dios y regando el jardincito de la sensibilidad. Riego y observo caer el líquido elemento, siento sed. Sin cascos, ni arneses, ni sin saber como llegamos hasta aquí. Intentando el arte, que no mute en hartazgo, misma raíz, diferente pelo, y el olfato… siempre encima, aquí arriba, llevando aderezados los prismáticos, aquellos que no existen en las grandes superficies. Pum un golpe, pum y el siguiente lo intentaré esquivar con una ágil metáfora. Me siento un superhombre, ya no. Todo depende del cristal con que se hiera. Y en la cuadra el Muchacho Pony espera y anhela pasear y ser paseado, aportando su granito de ternura en un reloj de arena que nunca termine, y que florezcan las sonrisas del jardinero. A puro feeling.

La poesía es mi raciocinio

Escribir mejor por sufrir peor,
porque caen letras por mis mejillas
provenientes de los ojos vidriosos,
buscadores de la X que indique la magia.
Porque lloro cuando escribo
o escribo y luego lloro.
Los sollozos no borran esta necesidad
o quizás sean el eje.

Yo no estoy aquí
para darte discursitos,
la poesía es mi raciocinio
sin racionalizar sentimientos
despojándose de escudos,
en ella me abandono,
nunca,
nunca lo entenderías completamente.

Transmitiré mejor o peor
pero esta lagrima es jodida
y cierta.
No quiero mierdas de poses.

Y hoy me lees
aumentará tu ego
un trocito de cielo
¿y mañana?
Las orugas a otra cosa,
y las mariposas prescindiendo de uno
revoloteando en otros lares
reventando mis tripas en la visualización.

Yo seguiré siendo
un puto poeta.

¿Acaso no ves sobre mis hombros
la carga y el motor?
Dedico el tiempo libre
a sacarme cristales
de la piel de los sentidos

Cuando ves, oyes, palpas, saboreas y hueles más
más sufres.

Trabajo mientras escapa y duele
la mente en el campo de espinas.
Le lanzo el lazo
en el vano intento
de sacarla de allí.

Busca sus anillos la ternura
remangándose en los charcos de la ira.

Y la rabia se pasea
reflejándose en romanticismo
o al revés.

Patean las calles el corazón
haciendo dolorosas caricias
del chocar con las esquinas.

Sangro…
Y escribo…
Y sangro.

Y siento.