Telefónica patrocina este beso

Cuando las tripas del móvil orquestan funciones musicales, anhelando una carga, batería para famélicas bandejas de entrada, quizás racionando un mensaje, sorbiéndolo a poquitos, como un escalofrío en la mandíbula al morder el chocolate ¿quién hinca el diente a un pulgar? ¿quién desnuda las onzas de un teclado?. Cuando eso sucede a quien le importa el operador, o las tarifas, o la cobertura… a quien le importa si ese peso cabe en tu bolsillo y el resto no.
Solo es un teléfono en el metro, observando palabras autómatas pasar y pasar abrigadas en una rutina de trabajo-fiesta-trabajo. Si es que solo es un teléfono dándoselas de artista y el sombrero en el suelo, en pos de caracteres de lujo entre pan y pan que llevarse a la boca, hoy, ahora. Y no sabemos si comerá.

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Empuja la imaginación a cierta selecta misantropía

Lo bueno y lo malo,
la imaginación.
En una nube
te abre la puerta.
Empuña un cuchillo
en un inhóspito momento,
Inesperado.

Teniendo tanto
por las orejas escapa,
los ojos quema,
se corrompe la lengua.
Goza de buena prensa
y la quieres,
acompañando ayer,
hoy,
ahora,
y mañana.
Pero a veces clava agujas
en tus yemas,
trocea la mente para servirla
en bandeja de puta,
en un paranoico banquete.
Y en el ropero buscas
una camisa de fuerza
a juego con las zapatillas.

El hombre del tiempo anuncia granizo
de comentarios poco educados.
Ayudas a vestirse a la sensibilidad
con su favorita cazadora,
la besas y es tan dulce…
Pero allí fuera se percibe el hedor
en misceláneas de cartón piedra
con forma de guiones televisivos,
de la imperturbable escoria.

de nuevo

(la poesía nos puede salvar de cosas ciertas e inciertas. Quizás mis fieles reclamen a gritos el resurgir de Jack La Mirada.)

De nuevo buscaras
el arrope,
el consuelo,
la protección
en los versos.

Y ella,
la poesía,
estará de enhorabuena,
pero tú no.

Te cagarás
en sus putas madres
como un reloj.
Con británica puntualidad
limpiaras la sangre
a esas palabras.

Subirás al desván
las cajas de ternura
para que estúpidas cosas sinsorgas
las llenen de polvo,
de absurdos minutos,
desnutridas conversaciones.

El sol anuncia desamparo.
La primavera cobra 50 euros,
se regalan los sentidos.

Quién arreglará tus dientes
te preguntas.
Quien canjeará
las hostias nuestras
de cada día
por pan para hoy
y mañana.

El ortodoncista de caricias
sigue en fabricación
¿pero quién fabrica una ruta?
Siempre será bastardo
el reparto de obsesiones.

El perro del hortelano
sigue ladrando,
y tu te abandonas
a la escritura.

Comprensión.

Esperas

Y esperas.
Imaginativa sentada
con el sueño clavado
en el táctil horizonte.
Y se esmera la vista
de aquí a allá,
y de allá
a un abrazo infinito.
Y esperas.
Y es limón.

Y todo tu ser,
todo,
entregado a la causa
acariciando el trasero
a lo onírico,
centrado en observar
visualizando minutos futuros
con miedo a pestañear
en el segundo exacto
escapándose el momento
y no poder arroparlo,
a besos.

Buscando el filtro
en el ruido,
en lo superfluo,
el sonido que te eleve
aupado en una sonrisa.
La melodía
el tono
el instante
lo especial.
Eso.
Llámalo como quieras.

Escribes el guión,
aparcas una hipótesis,
miras la pantalla
Y esperas.

La Reina Lágrima en el castillo de naipes.

Hace ballet en un campo de minas, con finas suelas como la línea que separa a la sonrisa y a una lágrima, que rara vez llega sola. Se autoamputa sembrando la tierra e intentando tocar fondo en una antítesis.

Cuentan que es la tonta, y dicen también que escribe poemas limpiando su casita, barriendo al compás de la estrofa, coleccionando vasos de agua, avistando tempestades a palabra descubierta y descubriéndose en cada esquina de los gestos, capitaneando un barquito, un navegante folio de imborrables trazos, piensa que siempre hubo rangos dentro del papel mojado. Y allí arriba en su castillo, ella es la puta reina.

Hay ciertas mañanas, inciertas, en las que su mente es perforada por pensamientos de índole diversa y no divertida obsesión. A veces sangran las paredes abriéndose de párrafos, presentando ante sus ojos un papel en rojo. Entonces solo queda lamer una putada, comer aristas, pulir espinas, masticar masa ósea, con la vaga esperanza de la imaginación activa, activista activando un sueño más, encapuchándose el brillo en los ojos, olvidarse del temporizador.

Si el corazón agacha la mirada, fijándola y sorteando nubes, el sol le cegará y ya no rimará. Pero ella siempre supo que con vista nublada también sabría crear.

El delicioso desapego hacia el maquillaje

Es un yogurt
carente de etiquetas,
liberado de ostentaciones
sin el abrigo de lo estándar.

Son cucharadas de complicidad,
la natural belleza,
una caminante sonrisa,
desnuda,
posando transparente.

Un soplo de frescas caricias
ventilando un sueño.
Es lo auténtico despeinado,
un pelo de corte irregular
y una regularidad de atractivos,
es una foto
un recuerdo
un olor
una cara
mil multiplicaciones
y más
resolviendo ecuaciones
descifrando una inspiración.

Y en ese momento
brillan las legañas,
reluce el instante
y todo
es abrazable
cuando en un silencio
cabe un poemario.

P

Pesadas progres pedantes, plomizas presencias plagadas de pseudocultura. Perenne pensamiento pleno de polvo. Platos y patatas perjudicadas por pupilos de Patxi. Plátanos podridos en el puerco presente, porciones perversas, perversiones de papá y el Pepe. Preso del presagio de la pérdida de positivos poros. Porcinas, perros y pestilencia. Hasta la polla, de tanta p…