el llavero

Resuenan las malas contestaciones
aglutinadas en su llavero,
viciando el aire puro,
agitadas en la cara de un instante.
Y es esa lágrima
o la anterior,
tal vez la que vendrá después,
una llave para la nada.

la vida y el sentido

Deforme. Nací. Completamente dependiente, de su saber hacer. Sus manos sobre mí es lo que da sentido a mi gris existencia. Sus dedos, cultivados en la materia, los que me hacen volar. Y así pienso que soy algo, entre la basura y la alienación quiero sentir que algo irrepetible hay en mi. Ingenuidad, mi mayor ingrediente. ¡Todas son iguales! ¿Pudiendo ser menos porque iba a ser más?

Dicen que pienso demasiado y que todo es mucho más simple, que con ciertos condimentos mi vida sabrá mejor. Y a mí… todo me parece estándar.

Aún y todo tengo mi momento, en el que caliente, obediente y en clara sumisión me abandono, sin rechistar, y soy llevado exactamente a donde ella quiere. Todo mi ser, con sus partes blandas y sus durezas, en porciones o pedazos, nunca valdré para la lírica, pero si para ponerte en bandeja a mí y a todas mis circunstancias, para que me lo comas todo, hasta que te sacies de mí.

Solo soy una puta pizza.

creando entre rejillas

“Como una veleta fiel al viento”
enarbola una sonrisa
de aquí para allá,
atrayendo tras de sí
un sueño cosido a otro
y a otro
y a otro.
Y ya uno no sabe
si fue antes la palabra
o fueron sus piernas
las que bautizaron la belleza.
La inocencia quiere salir a jugar
trenzando etéreas ilusiones
relamiéndose entre las rejillas
de esta fantasía,
de esas medias,
balanceándose al son
que ella marque,
y columpiarse en sus pendientes,
integrándose en la armonía
de un embrujo.

Podría seguir diciendo que
es su culito un impulso
para no callar,
para excavar en las motivaciones,
tras la esencia primigenia.
Su cintura es lo que tumba
este y otros poemas.
La cordillera de su flequillo
la justificación de mil y un excursiones.
Y los mecagüendios
el pan de este día
al pensar en lo que no hice.