desde encima de las llamas

Desde encima de las llamas
observan los viejos fantasmas
las tripas arder.
La rabia alimenta el fuego
mientras suenan estupideces,
no es tiempo de romanticismos.

En la cama, las horas no dormidas
son caldo de cultivo.
¿interfiere el estar hasta la polla
con el dulce y sensible –oh- estilo?
Quizás sea armamento
para cargar las palabras.
Solo tú sabrás el precio de cada verso.
Solo tú y nadie mas,
caminando por turbios callejones
de sensaciones repetidas,
donde enseña los dientes la poesía.

Donde la espalda gana

No, hoy no.
Quemé retinas y no vi
un lienzo mejor,
una hoja tan acogedora,
tantos motivos literarios
en un dorso femenino.
Solo cerrar los ojos
y los sueños trazan líneas,
se regodea El Arte
sabiendo que ha encontrado
su cauce natural.

Cuando los borrones son pinceladas
las palabras son metáforas.

Todo…
Al igual que tu espalda al descubierto
quedan expuestas las entrañas
de la mágica y terrenal inspiración.

Donde la espalda gana
sabes que podrás crear,
subido a la sencillez,
rumbo a lo onírico.

Hay tantas razones…

para ahorrarte el psicólogo,
para no liarte a tiros,
observas luego escribes.

Por dinero son otras cosas,
pero esto…
es como banda sonora,
como venganza,
para escapar o para estar en casa,
para volar por encima de la chusma,
para sentirse menos ridículo.
Para darle un sentido a ahora,
a hoy,
a este momento,
como desahogo.

Para amaestrar fantasmas
y pasear corderitos.
Para tragar la pelota
de música basura,
o para escupirla en mitad del bar
atestado de clones.
Para ver lo peor y pensar
(que) algo bueno (potable) sacarás de ahí,
para oír dulzura,
encharcarse en la magia.

Para sentir el placer de la sangre
en el filo de las palabras.

Para dibujar,
instalar sonrisas,
configurar empatías,
para cagar,
para limpiarte por dentro
con un par de estrofas.

Para cosas feas y hermosas,
preciosa inusualidad,
de compañía al volver por el subterráneo
y al subir nocturnas cuestas
en mitad de madrugadas
que hoy son persona.

Como arma arrojadiza
o como canción de cuna.
Para zampar o saborear,
para devorar y paladear.
Para el onanismo estilístico.

Como un sádico pianista
hace sonar los cristales,
brilla el dolor.
Líneas abiertas al abrazo.

el estudioso

Estudioso de las caricias
malpagada labor,
decenas de codos se hincaron
en tus laboriosos ojos.
Días y noches de melancolía
nutrieron tus encierros bibliotecarios.
Alimentaron tu fondo de armario,
engordaron el archivo
de la inspiración.
Blandías al cielo tus apuntes.
Vociferabas guiños sutiles,
airados gestos tenues.
Subrayabas tu intelecto,
tu cultura labrada
en los márgenes teóricos.
Pintabas desprecio
a quien con carne todo compraba.
Y en una de tus prácticas,
diseccionaste con cuchillo y tenedor
el amor de dos pechos de barra.
Después pediste tu trago,
fue suficiente por aquella vez.