el trabajo

(según Alicia en el pais de las maravillas “la muerte lenta cerebral”)

El madrugar, la rutina,
la escuálida nómina
de fin de mes,
jornadas de 8 horas
con infinitos minutos
de imaginación anestesiada,
presa en los días laborales
buscando resquicios
por los que brillar
aporreando eléctricamente el teclado
en clandestinas inspiraciones.
Comida de tuper,
colas en el microondas
y a la hora de fregar,
días regados con
música indigesta
que nunca podré tragar.
Trabajo, trabajo y trabajo,
aburrida conversación,
alienador quehacer.
Y esa barba, esa calva, esa tripa,
esa asquerosa figura,
visiones grises en miradas pintoras.
Rutina, automatismos
y pantallas de ordenador,
ingratas presencias y…
el trabajo,
que me da ganas de cagar.

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el puente de la nariz

(si por casualidad pasa por aquí uno de esos transeúntes y encuentra en este puente algo conocido, por favor que deje unas improvisadas lineas para la afición)

El puente de la nariz sobre ríos de tequila, que llevando el estigma del cachondismo no lame las manos saladas de sus transeúntes: Poetas, bohemios, ocasionalmente borrachos que muerden limones y no peras, mientras observan esos labios con piercing que al abrirse son un muro para la imaginación, la confirmación de la inexistencia de vida inteligente ahí fuera. Y todo esto sucede mientras cruzan el puente de la nariz sobre ríos de tequila.

El Chico Fantástico tiene magia

El Chico Fantástico tiene magia, es mágico. De lienzos vacíos saca bellos cuadros, convierte en escultura el barro más vulgar y las hojas en blanco en creativos poemas. El Chico Fantástico tiene magia, es mágico, puede volar y junto al aire entrar por la ventana de Lady Marrón a ventilar su cuarto cerrado, su mente cerrada. El Chico Fantástico es grande y diminuto, es bello e invisible, el Chico Fantástico tiene magia, es mágico, Lady Marrón no. El Chico Fantástico puede entrar de noche en el cuarto de Lady Marrón e inundarlo de luz y que ella no vea nada. El Chico Fantástico dice: “yo puedo dormir a tu lado sin ti”. El Chico Fantástico puede dormir esta noche entre las cuatro paredes de madera del cajón donde Lady Marrón guarda sus calcetines. El Chico Fantástico puede ser un antisocial y un relaciones públicas e intimar con toda la gama de calcetines que habitan el cajón de Lady Marrón: Calcetines rojos, naranjas, verdes, de la abeja Maya, de colorines, de rayas horizontales. El Chico Fantástico puede inventarse un lenguaje y comunicarse con ellos, puede ganarse su confianza y llegar a saber que a Lady Marrón le huelen los pies, que el Chico Fantástico tiene magia, y ella no, que el Chico Fantástico es grande y puede ser diminuto y pasar una noche en el cajón de Lady Marrón. Los calcetines duermen hechos bola y el Chico Fantástico en posición fetal, los calcetines duermen hechos bola y el Chico Fantástico puede ser la bola de nieve que cada vez se hace más grande, porque grande es el Chico Fantástico y a la vez diminuto. Y puede hacer nevar, llover y ponerse violento, llenar de tomates los calcetines de Lady Marrón. Rojo se pone el Chico Fantástico, verde, azul, es de colores, es mágico y hoy duerme en el cajón de Lady Marrón.

Pasa la noche y llega el día, con una sonrisa del Chico Fantástico que transforma el sol en una enorme naranja, preparada para ser exprimida al máximo y beberse todo su jugo. El Chico Fantástico es un imán para los rayos de sol que pugnan por entrar en la cuadriculada habitación de Lady Marrón, en su reseca imaginación, en sus desnutridas ganas de jugar. El Chico Fantástico se despide de todos los calcetines repartiendo abrazos y dejando tras de sí un rastro de buenas vibraciones. Sale del cajón, mientras Lady Marrón se estira y se despereza. Lady Marrón tiene los ojos abiertos pero ve en blanco y negro, el Chico Fantástico es de colores. Invisible para los ojos que no saben mirar, pero él se sabe grande, bello, enorme.

El Chico Fantástico salta por la ventana y vuela en busca de nuevas aventuras.

Ey chavalín, chavalín

Somos una bandera, una pancarta, una ropa, una pose, una fachada. Buscamos el lucimiento en el trabajo, en clase, en el bar. Soy el más ingenioso, mi sentido del humor no tiene parangón, tú eres la más guapa y tú un gran erudito de esto y de lo otro. Existimos si nos miran, si nos ven, si nos reconocen, me cansa que así sea. Como aquella vez en la piscina de Puente La Reina. Yo solo era un niño tímido que quería darse un baño. Yo era el Jefe Brody y aquella piscina era el océano donde el gran tiburón blanco campaba a sus anchas. Tiburón, de Steven Spielberg, proyectada en la pantalla gigante de mi imaginación. Yo solo quería jugar a mi aire, sin querer interactuar con ese niño de ego más grande que su bañador que se hallaba por allí.

“Ey, chavalín, chavalín, mira lo que hago”. Piruetas en el agua, niño pesado. “Ey chavalín, chavalín, mira lo que hago”. Niño kaka ¿no tienes madre con quien lucirte? “Ey, chavalín, chavalín, mira lo que hago”. De mayor te buscarás una novia a quien comerle la oreja. “Ey, chavalín, chavalín, mira lo que hago”. Basta. En un abrir y cerrar de ojos dibujé una gran aleta dorsal merodeando a aquel niño pesado, y con las acuarelas de mis ojos pinté de rojo el agua a su alrededor. Yo a mis 6 años, gran cazador de tiburones, nada pude hacer en aquella situación. Salí de allí, mi madre me esperaba con un sándwich de nocilla.

tiburon1.jpg

perversas inversiones

(Basado en un clásico moderno de la casa)
😀

¿Os hablaré en plural o en singular? Siempre voy con mi pareja, mas que “yo” somos “nosotras”. Decidido, os hablaremos en plural. Esta mal que lo digamos nosotras pero… somos tan bonitas. Bellas por fuera y peligrosas por dentro. Caemos en gracia, nuestra apariencia es tan coqueta… Atraemos miradas, de hombres también, pero son las mujeres nuestro hábitat natural. Nos encantan los pies femeninos, os preguntareis si seremos unas lesbianas fetichistas de los pies de mujer. No, no es así, somos zapatillas de ballet, o unas bailarinas, como prefiráis llamarnos. Nosotras somos la moda, ya lo sabéis, “compradnos, compradnos”, no os podéis resistir. Ahora nos diréis “¿desde cuando unas zapatillas hablan?”. Os creéis muy listos, terrícolas, pero no sabéis a quienes os estáis dirigiendo. Somos zapatillas de ballet, no tenemos piedad a la hora de pisar corazones de chicos malos o buenos. Somos un ente alienígena con capacidad de transformarse en vuestros deseos, y esta vez os ha tocado a vosotras, chicas. Nos deseáis, queréis llevarnos en vuestros pies, somos tan lindas… ja ja ja. Lo dicho, no tenemos compasión en machacar corazones masculinos, pero tampoco en degustar vuestros tiernos piececitos con sus cinco deditos de uñas pintaditas. Bueno, para que ser tan suaves, no tenemos compasión en arrancaros con extrema violencia vuestros pies y que regueros de sangre acompañen a nuestra hazaña, seguro que nunca habeis sufrido el mordisco de las alienígenas zapatillas de ballet.

Bailareis al son que dicte nuestro líder. Dominaremos vuestros pasos, vuestros cuerpos, vuestras mentes, vuestro planeta. Al ritmo de la moda caeréis fulminados.

Aquí viene, nuestra primera victima, cógenos, pruébanos, cálzanos. Somos tan irresistibles… ¡ale hop! ya estamos en sus piececitos. Ahora procedemos a realizar un escáner de viabilidad personal, bip bip: Dulce niña quinceañera, bip bip, fan de Amelie bip bip, le gustan las piruletas de fresa bip bip, y es adicta a… la coca-cola bip bip. Como premio a su 10 en matemáticas su progenitora le da dinero para comprarse sus primeras bailarinas bip bip. Adora la lectura bip bip y su película favorita es ET el extraterrestre bip bip bip bip bip bip bip no valida, no valida, bip bip. Defecamos en el aro de Júpiter y orinamos en el centro de Saturno. Todo sería más fácil si nuestro primer ser humano candidato a ser poseído fuera un cazurro, una lerda, una estúpida, una cabeza de chorlito. Nosotras también sentimos, padecemos, empatizamos y compadecemos, la conquista del planeta podrá esperar unos días más. Procedemos a enviar orden al cerebro…

-Ama, me quedan pequeñas, me aprietan, ya no las quiero.