¿nos hacemos unas metáforas?

Bueno… ¿nos hacemos unas metáforas? Podéis participar, la inscripción es gratuita.

La envidia: cigarrillos quemando mi piel
La luna: el espejo del hombre lobo
La familia: La abuela cantando
El trabajo: comida de tuper
La alegría: la sonrisa de los ojos
Un libro: La isla de las letras
El calor: la fabrica de sudor
Una tormenta: El cielo blasfemando
La guerra: La paz en la cola del paro.
El viento: El verdugo de los paraguas

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censura poemas

Censura poemas,
reprime, corta, frena,
censura poemas,
el triunfo de lo
políticamente correcto.
Censura poemas,
corta alas,
rompe piernas,
mátalos a todos,
canda las puertas
a la espontaneidad.
Retiene tu mente recuerdos
sin llegar a plasmarlos todos,
un poema censurado
probablemente incomprendido
al igual que los versos libres
de otras noches,
a tantos se la traen floja…
Censura este poema,
reprime, corta, frena,
mata.

la separación y sus motivos literarios

Aquella separación forzosa fue una amputación. En pleno santo tomas, día de juerga e incomprensiblemente laboral, pero para mí el de aquel año fue un día laboral e irremediablemente depresivo. Fue en santo tomas de hace unos años, por mucho que las navidades estén al caer las desgracias no dejan de llamar a la puerta de uno, los padres siguen muriendo y los abuelos siguen siendo llevados a residencias. La gente sigue felicitando las fiestas, el año nuevo y preguntando “¿que tal?” y yo sigo respondiendo la mentira que quieren escuchar.

Y yo, esa mañana lluviosa y de paraguas rotos tenía clase, por supuesto podía haber faltado e ir directamente a lo viejo, pero ella era una empollona y yo quería verla por ultima vez antes de las vacaciones de navidad. Aquel hombre de gafas y pelo rizado leía el periódico como buenamente podía en el bunker contra los ataques metereológicos que era la parada de autobús. Como aquél día no todo serían pérdidas llegó el autobús puntual y lo cogí, no sucedió lo mismo con el periódico del hombre de gafas y pelo rizado, observé desde la ventana que se lo había dejado olvidado, ahí estaba el País, humedeciéndose, rompiéndose y resquebrajándose con este viento, y finalmente volando por los aires.

En el autobús mucha menos gente de la habitual, mucha menos gente a la que observar y con la que inventarse historias, en esa gris mañana de lluvia mi imaginación estaba seca como un donuts caducado. Por lo menos el ver su carita pensaba que me revitalizaría.
Para verla a ella había ido yo a 2 o 3 fiestas universitarias en el young play, pensando que una pijita como ella no podría faltar. Y si sonaba la flauta en lugar de música disco pastelera poder dedicarle unas palabras en lugar de escribírselas como siempre en mi cuaderno. Ese cuaderno era como mi novia, mi padre, mi madre, mis brazos, mis piernas, mi perro, mi lavadora… ese cuaderno era un montón de cosas para mí, una prolongación de mi yo. Siempre que podía lo llevaba encima, y en aquel viaje en el autobús en la mochila. Observé que el hombre de gafas y pelo rizado cada vez tiene menos pelo rizado, y quizás dentro de poco haya que bautizarle como el hombre de gafas y pelo rizado calvo. Quizás no tenga mucho sentido, pero tampoco lo tenía el que yo perdiese mis principios y fuera al young play, solo por ver a esa pijita. Aunque mis principios no se perdían, simplemente los dejaba aparcados durante unas horas, y tras salir de la discoteca y volver al parking de principios. ahí estaban, se habían multiplicado como un gremlin que se infla a comer después de media noche, se habían multiplicado o quizás es que a esas horas yo viera doble, que también podía ser, lo que si está claro es que había estado allí perdiendo el tiempo. Porque las dos o tres veces que estuve en el young play… nunca la vi, la realidad cambiaba de acera al cruzarse con mis deseos, era una causa perdida y lo vi claro aquella mañana de santo tomas, en la universidad.
El fin de semana anterior me perdí la ultima fiesta del año del young play, perdí las esperanzas de que la pijita fuera a esa clase de fiestas y me quedé en casa viendo una peli de zombies ochentera, a la vez que programaba el video para grabar la ultima de Tom Hanks y Meg Ryan. El peinado-despeinado de Meg Ryan me transportó al mundo de los sueños y me dormí, me perdí el final de la película. Algo del estilo sucedió con la peli de zombies ochentera, tanta paja de anuncio hizo que terminara la cinta de vhs sin grabarse el final. Me levanté para irme a la cama en esta noche tirada a la basura cuando me hicieron una llamada perdida, le llamé, era Julián, me dijo que la pijita estaba allí, comiéndose los morros con Jorge. Otro caso perdido, mientras en la televisión dos o tres petardas discutían sobre la separación de Rociito y Antonio David, un mal día para la humanidad. Yo no podía creérmelo…. ese picoleto….quizás a la entrada del Play le hicieron dejar el tricornio en el ropero. Y él desamparado y perdido tuvo la suerte de juntarse contigo y de que tu fueras una pija y él también. Si es que. ese tío no me gusta, seguro que hacéis buena pareja.

Pero estoy perdiendo el hilo y vuelvo a esa mañana de santo tomas en la universidad, quería cerciorarme de que lo que me contó Julián era cierto. Vaya, estaban en la cafetería, los dos, juntitos…. cogí el periódico para disimular, la Real había perdido 2-1 y yo la vergüenza, los espié sin pudor, ya os he dicho que la había perdido. Y si, estaban liados, se veía, y eso solo podía separarlos la gastroenteritis en caso de que el pintxo de tortilla que se iban a llevar a sus bocas estuviese en mal estado. Dios, lo deseé, lo deseé con todas mis fuerzas. clavé mis ojos en el tenedor de ella clavado en el pintxo de tortilla, agarró el tenedor y lo separó como el Rey Arturo con Escalibur, solo que ella no era la buena de la película, partió un trozo de tortilla, lo pinchó y se lo llevó a la boca, ese trozo se separaba cada vez mas del plato…nunca volvería a ser tortilla. Observé como se lo llevaba a la boca deseando que pusiera cara de asco, pero no, al parecer la tortilla estaba muy buena, agh, que mala.

Me levanté de allí, dejé la derrota de la Real y la mía sobre la mesa, y caminé a paso acelerado deseando perderlas de vista. Pero me acompañaron, no sé si se metieron en mi mochila o que, pero me acompañaron hasta la mismísima parte vieja. Este puto día me iba a dar para mucho en mi cuaderno, me iba a dar horas y horas de inventar, de jugar, de llorar, de desahogarme o de montar 4 o 5 revoluciones armadas de bolígrafos sobre el papel en blanco. Por lo menos me relamía con eso, “de lo malo sacaré material para mi cuaderno”, con ese tipo de pensamientos me relamía al igual que la pijita y el Jorge se relamían con los pintxos de tortilla, yo no perdía la esperanza de que mañana o pasado estuvieran con pirrilera.

El bus llegó al boulevard y yo llamé a Julián, estaban en el bar pijo por excelencia, que asco de bar, el estar allí a mi me parecía que era perder horas de parranda, yo siempre he preferido bares mas de pueblo, donde el vino y la cocacola se unen en perfecto matrimonio y nadie los separará. En un día como santo tomas viven la luna de miel en un vaso de plástico y yo como txistorra en lugar de perdices. Pero en el bar pijo por excelencia la cocacola y el vino no sienten ese feeling de toda buena pareja, se muestran fríos, distantes, los camareros les obligan a jugar a ser otra cosa, a ser como un cubata de ron, como un gintonic, no dejan que se expresen tal y como son en un humilde y sencillo kalimotxo, te lo sirven en un vaso de combinado y pierde toda su esencia.

Aún así dejé mi mochila junto a la pared, a los pies de Julián y fui a pedirme un kalimotxo. Mas que un canalillo era todo un canalón lo que separaba a un pecho de otro en aquella rubia camarera. La sensación de frio que traía quedó apagada al contemplar la hoguera de su escote, si, perdí la oportunidad de encenderme un cigarrillo en él, ya que al parecer me dejé el paquete en la mesa de la cafetería de la uni.
Pedí mi kalimotxo, me lo trajo, pagué y fui a donde Julián, quien patéticamente bailaba reguetón con una desconocida. Llevaba bastante más tiempo que yo en lo viejo y al parecer había perdido el sentido del ridículo.
Fui a dejar la cartera en la mochila pero ya no estaba allí. Acababan de desmembrarme, de robarme, de arrancarme una mano, un pie, un ojo, quizás no la mano, el pie o el ojo más bonito que pueda existir, pero el mío al fin y al cabo. Me acababan de separar de mi cuaderno. No me importaba la mochila, ni los apuntes de historia del Derecho que acababa de perder. Lo que me importaba era mi cuaderno de apuntes de mi torcida historia.

Me enganché una borrachera memorable de la que no recuerdo nada. Y al día siguiente maldije al ladrón de mi cuaderno y cambié mi fea caligrafía por letras estándar de ordenador.

parezco tan dulce y soy feroz

(Esto es un ejercicio basado en un relato de Rosa Montero, “parece tan dulce”, el ejercicio consistía en hacer la otra cara del relato, así que esto es lo que se le ocurrió a este Txinaski que os habla. En los comentarios os pongo el relato verdadero de Rosa Montero.
Ah, y por si os interesa saber quien es el Sr. Dandridge… abajo os pongo una foto relacionada, todo un crack).

Parezco tan dulce y soy feroz. Veo como me miras desde el otro lado de la sala, y no conoces a la persona con quien estoy conversando. Es el señor Dandridge, venido desde EEUU, nada tiene que ver con tu gris empresa, pero con su imponente planta a ver quien es el guapo que le dice que él no trabaja aquí.
Veo como me miras y yo sigo conversando, ¿qué otra cosa puedo hacer? No me gustan estas estúpidas cenas de empresa, con estúpidos hombres, estúpidos seres humanos y estúpida comida. No son estas croquetas ni ese jamón serrano lo que me apetece llevarme a la boca. Pero… ¿cómo contar mi verdad?, ¿mi verdadero yo?

Yo Carmen Sánchez, una de las más prestigiosas abogadas laboralistas de la ciudad al menos hasta hace unas semanas, conversando con el hasta hace poco desconocido Señor Dandridge en la aburrida cena de empresa de mi maridito. Míralos, que patéticos son, como intentaban complacerme y hacerme sonreír mientras se pensaban que aquí me hallaba sola, una dama en busca de conversación interesante, pero vosotros no conocéis el significado de “interesante” y dudo que el de “conversación”, solo hacéis monólogos sobre lo supuestamente buenos que sois en vuestros trabajos. Y yo, si os dedico una sonrisa ya tenéis material para masturbaros esta madrugada al llegar a casa. Pero cuando el Señor Dandridge ha aparecido, no habéis sido ajenos a su fuerte aureola y poco a poco habéis agachado las orejas y os habéis ido apartando, dejándome a mí felizmente con él. Sois tan patéticos….

Y tú… mi maridito… si supieras que dentro de poco echaré a la basura esos potingues que a las noches me pongo en la cara… si supieras que ahora mismo me los pongo para fingir… si supieras que sé que nunca mas los voy a necesitar… que nunca tendré arrugas, que siempre me mantendré tal y como ahora soy, bella, poderosa…

En fin, todo empezó aquella vez en la que me quedé hasta tarde trabajando en el despacho… fue rumbo a la parada de taxis a dos manzanas del bufete donde en mitad de la noche escuché a mi espalda la melodía de strangers in the night, silbada, silbada por los labios más apetecibles que he visto en mucho tiempo. Silbaba y me miraba, a la vez que mordía una manzana, deseé ser esa manzana. Aquel misterioso hombre tenía un aura que me seducía sin posibilidad de oponer resistencia. Me quedé allí quieta, mientras él se acercaba, me quedé allí quieta, como hipnotizada por su mirada penetrante, deseosa de ser acariciada por su voz, por sus manos.

No puedo describir como es su coche, a grandes rasgos diré que era una limusina negra con negras ventanas, pero prefiero dedicarme a memorizar cada facción de su cara, cada gesto, cada palabra, cada tonalidad de su voz aquella noche. A su chofer siempre le vi de espaldas y aquella primera vez conversamos y conversamos y yo me sentía tan fuertemente atraída por ese hombre… Charlamos, bebí en una copa un liquido rojo que él me dió, no era capaz de decirle que no a nada, y le deseé, me acercó hasta casa y con un “hasta mañana” se alejaron de allí, y yo sintiendo una energía hasta entonces desconocida entré en casa y una vez en nuestra habitación me lancé sobre ti como una perra en celo y lo hicimos, o mas bien yo te lo hice a ti, mientras tanto fuera nevaba y tu no sabrías que si había estado tan fogosa fue porque estaba pensando en mi nuevo misterioso amigo Jerry Dandridge, el hombre que mordía manzanas de la forma mas sensual.

Desde aquel día mis pretensiones han cambiado tanto… mi carrera profesional, el formar una familia y todos esos bla bla bla. ¿ Sabes que a las mañanas cuando te levantas para ir a trabajar yo no me levanto una hora mas tarde? ¿Sabes que la luz del sol cada vez me molesta mas y que el invierno con sus rápidos anocheceres que antes odiaba ahora me encanta? ¿sabes que desde entonces a las 7 de la tarde salgo de casa para mi cita con el señor Dandridge? ¿sabes que vamos a bailar, que es todo un caballero y que bebo lo que él me da y también de sus conocimientos?¿sabes que quiero ser como él? ¿sabes lo aburrido que es el volver a casa sobre las 22:00 y hacerte ver lo duro que ha sido mi día de trabajo?¿sabes lo deprimente que es para mí el tener que fingir con una subcriatura como tu? Pero todo esto va a terminar. créeme que esta misma noche va a terminar…

Vaya, empieza a tronar, ¡cómo me gustan estas noches de rayos y truenos! Ahora puede que sea la ultima vez que me veas fingir en tu vida, como a mi anterior yo le asustaban las tormentas yo he de hacer el paripé y buscarte con la mirada. “Ay que miedo tengo. ay las tormentas que poco me gustan… ay mi maridito… donde estas… dame fuerzas con tu mirada…”, ahí estas, patético hombrecillo.

Pero todo esto va a terminar, es la ultima vez que finjo contigo, haré caso al señor Dandridge. Tras esta estúpida cena de empresa al llegar a casa te mataré, serás mi primera victima, beberé tu sangre y con ello me convertiré en una poderosa criatura de la noche. Mi felicidad y la de señor Dandridge será eterna.

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