ZOMBIS

Holocausto zombie.
No hay maquillaje
ni laca de uñas
ni pulcros vestidos
ni tampax
ni hueles bien
ni sobre tus botas
estas tan buena
como creía
mi inventora miopía
creadora de diosas.

Cuando los muertos
caminasen sobre nuestros días
decías
vendrías a buscarme.

Y hoy en un horizonte
teñido de putrefacción
camino en el alambre.

Vendrías a buscarme,
decías,
vendrías a buscarme.
Y yo que soy un trozo de carne
en el reino de la sangre
con la piel hecha jirones.

O matas o te matan,
esa es la máxima.
Como la escoria de televisión
que tú veías.
Como la cruda realidad
a tu liviana promesa.
Disparo en la cabeza
y una puta mierda vendrías a buscarme.

Cúmulo de mierdas

Se sucede el cúmulo de mierdas.
Aborda la impaciencia
la paciencia desbordada.
La rabia se desprende de las vivencias.

Consumándose hechos consumiendo,
vistiendo realidades,
dando la espalda,
arrinconando en deshechos de ilusiones.

Los minutos y las horas
se lanzan al vacío
por el barranco del “una vez en la vida”.

La mala hostia empuja por salir
de tripas, manos y ojos inyectados
en frustración armada.

Y es que habría que perder los papeles,
reinventar el día,
reventar la escena,
pero toca reprimir
y hacer teatro.

puta resplandeciente

Al sol de tu sonrisa
se tostaron mis poemas,
puta resplandeciente.

Navegando en pos
de la isla desierta
de tu Yo Complacido
mis ideas naufragaron,
dentelladas de tus caprichos,
en carne viva la emoción.

El bienestar se moría de sed
de querer beberse
hasta la última nota
de tu voz,
de anhelar comerte perfumada
y cotejada
por mis mejores palabras
gustándose
de gustarte.

Pero eras y seguirás siendo
probablemente
tan guapa que jode.
Jode recoger los pedazos
del espejo donde los sueños
se veían más grandes,
más fuertes,
más todo.

Porque todo sueño es el reflejo
del que sueña.
Y el roce en la esquina
puede ser una caricia
o una hostia en los riñones.

Y tú,
puta resplandeciente,
ya estás sangrándome de nuevo,
dejando mi cerebro
perdido de letras.

Margaritas, peras y coños

Los ojos se desbocan
y el poema gotea de la boca
y se deshoja
en la margarita de tus tetas.

¿Y qué es mejor?

Si te huelo
o no te huelo
y una mano en tu pelo,
pauso el momento,
me cuelgo,
me pierdo en tu cuello,
te siento y me siento
observando el contoneo
enfermizo paseo
de un vestido recuerdo
para gustar y disgustar
y gastar este segundo
en el que no se si existo
o desisto,
pero pienso:

Que no se le pueden pedir
peras al coño
ni esperas o más penas
a la desesperación.

Encerrado en el recuerdo

Me mantienes encerrado en el recuerdo
de la última vez que nos vimos,
podridos los sueños,
entre barrotes.

Y me ahoga este peso en el cuello
y las palabras cual cuchillos
y las patadas en los cojones de la ilusión.

Y estoy muerto
y así es como lo quieres.

Si olvidas mis cenizas
en inaccesibles sótanos del futuro
mi presente será desangrarme
en la cárcel de tu indiferencia.

Pues no vas a permitir
que me reconstruya
sin la tara de la obsesión.
Pues no vas a dejar que renazca
volando más alto que las nubes
que apuntan a matar de negrura.
Pues no darás el visto bueno
a que intente sanarme
mudando de piel gilipollas
y me encuentre mejor.

Concurso de televisión

Tu tatuaje dice:
“la clave a las preguntas
está en la inteligencia emocional”.
Tú no dices nada.

Desconoces quien protagonizó
“una noche en la ópera”.
No es que no lo sepas,
es que te jactas de ello,
porque es película en blanco y negro
y tu desprecio es de paleta
de colores.
Y me das asco.

Si te hubieran preguntado
sobre las sombras de…
Otra oveja hubiera balado.
Pero no es que lo hayas leído,
que también,
es que te sigues jactando de ello
y me sigues dando
mucho asco.

¿Pero sabes?
Con lo mona que eres
te lo puedes permitir
pues en esta sociedad
gimen juntos en la misma cama
la ignorancia, el triunfo
y la estupidez.